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Un microbicida (incluso uno con una eficacia parcial) puede poner en manos de las mujeres del mundo la capacidad de protegerse frente al VIH, salvando potencialmente millones de vidas. Pero el proceso de desarrollo de un microbicida es largo y caro. Los ensayos de seguridad pueden requerir de uno a dos años, mientras que los ensayos de eficacia pueden prolongarse durante tres años o más, implicando a miles de personas y requiriendo cientos de millones de dólares.
Aunque aún no se ha aprobado el uso de ningún microbicida, existe un creciente consenso científico de que pueden desarrollarse microbicidas seguros, eficaces y asequibles para los países en desarrollo. Ya se han identificado docenas de sustancias que interrumpen la infección por VIH y actualmente se encuentran sometidas a estudios y pruebas intensivos para su uso como microbicidas.
Después de las pruebas preclínicas, los microbicidas candidatos progresan a través de una serie de ensayos clínicos en humanos diseñados para probar su seguridad y eficacia (capacidad para prevenir la infección por VIH). Los ensayos clínicos de eficacia implican la participación de un gran número de mujeres y tienen que realizarse en aquellos lugares donde existe una alta tasa de nuevas infecciones por VIH. Así, los investigadores pueden comparar las tasas de infección entre aquellas personas que usan los microbicidas candidatos y aquellas que usan placebo.
Para poner en manos de las mujeres unos microbicidas seguros y eficaces lo antes posible, IPM trabaja para aumentar la eficiencia y rapidez de la realización de las pruebas mediante:
- el aumento de la capacidad de realización de ensayos clínicos para los ensayos de prevención del VIH;
- la identificación y preparación de nuevas sedes de ensayos clínicos;
- la colaboración con las comunidades donde se van a realizar los ensayos a fin de asegurar su completa implicación en el proceso y
- la vinculación con los diseñadores de políticas locales de modo que puedan comprender y apoyar el proceso de desarrollo y prueba de microbicidas.
En los países donde se realizan los ensayos clínicos, IPM implementa amplios programas de implicación comunitaria. Se ofrece información sobre microbicidas y ensayos clínicos a agentes sociales clave, entre ellos: grupos de mujeres, ministerios de salud, profesionales médicos, medios de comunicación, líderes y curanderos tradicionales, enfermeras-comadronas, etc. También se proporciona de forma continua formación, trabajo en red y apoyo a todos los implicados en el propio proceso de realización de la prueba (investigadores clínicos, científicos investigadores, coordinadores de enfermería, personal encargado del counselling, contables y personal de gestión del proyecto).
IPM da mucha importancia al hecho de asegurar que las comunidades locales comprenden que la participación en la investigación clínica no aumenta el riesgo de infección por VIH de las mujeres. De hecho, la evidencia de otros ensayos de prevención sugiere que la inscripción en los ensayos a menudo disminuye ese riesgo debido a los amplios servicios de trabajo social ofrecidos a las participantes, entre ellos educación sobre sexo seguro, tratamiento de las infecciones de transmisión sexual y la provisión de condones.
Todos los ensayos de IPM se realizan siguiendo directrices normativas universalmente aceptadas para proteger a sus participantes y garantizar la integridad ética y científica de los resultados. IPM ha desarrollado también sus propias directrices integrales (disponibles en internet en) para la realización de sus ensayos clínicos.
Puedes leer el informe de IPM sobre Ensayos Clínicos |